Consejos para aliviar el dolor

El dolor es un sistema de alarma y un regalo que la naturaleza ha proporcionado a los seres humanos y al reino animal. Esta frase, que en apariencia puede parecer exagerada, no lo es tanto porque sentir dolor permite retirar la mano frente a un fuego o un horno encendido, o saber que no debemos andar descalzos sobre unos cristales rotos por las consecuencias que ello tendría.  Estas situaciones nos permiten haber evolucionado para sufrir dolor y éste constituir un sistema de alarma para la conservación de la especie. 

Los vigilantes del sistema de alarma del dolor son un tipo especial de neuronas sensitivas, ubicadas muy próximas a la médula espinal y cuyas fibras crean un entramado complejo que llega hasta la piel, los pulmones, el estómago y otras partes y órganos del cuerpo. Estos receptores están equipados para percibir distintos tipos de dolor según su origen: un corte con un cuchillo o una plancha caliente. Al ser detectada la sensación de dolor, los receptores envían unas señales eléctricas a la médula espinal que transmiten  al cerebro el mensaje a partir de otras neuronas. Unas neuronas de orden superior que transforman  la información en dolor. Una vez  registrado el dolor,  el cerebro intenta contrarrestar la sensación para reducir  la intensidad y segrega de forma natural endorfinas y sustancias opiáceas y,  de este modo, reducir el grado de dolor percibido.  

Esta explicación nos permite entender cómo funciona de manera bioquímica el dolor en los individuos, los expertos que estudian el dolor y sus consecuencias, cuando intentan avanzar en la comprensión de la transmisión del dolor, ven como el mecanismo fisiológico sólo es uno de los aspectos de la explicación del por qué sentimos dolor, pues aparecen factores complejos modulados por el cerebro individual, es decir, la interpretación de las señales de dolor se puede ver influida de forma exponencial por el estado emocional de la persona que lo sufre.